Una de las cosas más difíciles de conseguir en esta vida es estar a gusto con uno mismo. Si no es el físico es lo espiritual (aunque de esto último hablaremos otro día). Quererse uno mismo es algo que se consigue con la edad, aunque sea por pura resignación. Para empezar, determinadas edades tempranas e ingratas diría yo, son especialmente complicadas en lo que aceptación física se refiere. En la adolescencia me diréis quién se gustaba a sí mismo (al margen del sex symbol de instituto de turno, que seguro que tenía sus propias comeduras de cabeza)… Recuerda cuando te estaba cambiando la voz, cuando tenías tres pelos de barba mal colocaos o cuando todas sus compañeras tenían unas enormes tetazas y en cambio tu eras una tabla de planchar (venga a comer almendras). Granos a mansalva, piernas y brazos descompensados y mil y un efectos hormonales descontrolados. ¿Hasta dónde voy a llegar? Te preguntas (o preguntabas).
Finalmente uno crece, madura y aprende a aceptarse a si mismo (parece que no pero sí), pero para entonces ya comienza a aproximarse a la siguiente ingrata edad (ésta, más indefinida ella, depende de lo mal que te haya tratado la vida o que le hayas tratado tu a ella). Esa edad que le deja a uno calvo pero con abundancia de pelo en el resto de partes, flácido y colgandero o arrugado como una pasa, y así hasta el infinito…
Pero no solo somos nosotros los que contribuimos al conflicto de la autoaceptación. En esta sociedad en que vivimos estamos constantemente bombardeados por referencias estéticas hacia la belleza absoluta e inalcanzable (nos ha jodío, al Photoshop por ahora no hay quien le gane, ni los homólogos de los de Nick Tup) y, o tenemos un coco perfectamente amueblado o estamos perdidos. ¿Estamos llegando a los extremos de la presión estética? ¿Es algo excepcional, o particular de la época en que vivimos? Bueno, probablemente no. Probablemente la presión del canon estético siempre haya estado ahí (al igual que la evolución personal), la cuestión es que las aparentes soluciones a los aparentes grandes problemas están ahora más cerca de la mano de cualquiera. Eso es quizá el mayor problema. Bueno, eso y también la toma de decisiones a edades tempranas en las que aun no te has podido hacer una idea de qué eres y cómo quieres ser. Ayer mismo leía un artículo que entre otras cosas me alertó sobre la preocupante incursión de las adolescentes en el mundo de la cirugía estética (de la mano de sus padres, que no creo que una quinceañera disponga de 6000 euros para operaciones) y me quedé sorprendida a la par que preocupada. Pero sobre todo pensé: existe un mundo paralelo al mío (yo pasé la adolescencia traúmatica que pasamos todos los de mi edad, con el Clearasil y las hombreras en el sujetador, que horror!!) y yo no me he dado ni cuenta! Del hasta dónde voy a llegar de antes he pasado al ¿Hasta dónde vamos a llegar?
Y ya, al margen de si uno lo puede alcanzar o no (resignación, amigos) ¿Como creéis que ha cambiado el ideal de belleza del cuerpo humano a lo largo de la historia? En el arte y en la biología la concepción de la perfección ¿se aproxima o se aleja? ¿Coincide el ideal de belleza artístico de un determinado periodo de tiempo con lo que físicamente nos atrae en ese mismo periodo? Sería bueno saber todo esto (como digo, para resignarse o sobrellevar nuestras penurias). Yo no tengo las respuestas pero quizá me ayuden a conseguirlas (o a reflexionar sobre ellas) en el Cosmo Caixa. Bajo el título La construcción del cuerpo, hechuras biológicas y razones artísticas, nos traerán expertos de diversas materias que nos acercarán a la visión del ideal del cuerpo femenino y masculino a lo largo de la historia, así como a otros interesantísimos temas a saber: cuáles son los últimos datos sobre la evolución del cuerpo humano (biológicamente hablando, seremos más altos, más flacos, más cabezones o qué), la simetría en la geometría vs la asimetría en natural del cuerpo humano, qué relación hay entre la piel y el atractivo sexual (sí, si, amigos, el atractivo sexual) o cómo de responsable es el ideal estético actual en los trastornos alimenticios (ahí, ahí, y sobre todo qué podemos hacer para evitar estos problemas). Las jornadas son previa inscripción, así que ya sabéis. Os pongo la información aquí. A los de la Complutense y a los de la Autónoma os da créditos y a los demás, no se, os da vidilla.
Por mi parte hace tiempo que asumí que lo que tengo es lo que voy a tener (porque ni a estas ni a otras alturas me compensa conseguir algo más a costa de agujas y anestesias) y la verdad, tampoco me quejo. Me consuela saber que el ideal artístico no siempre coincide con el biológico, o lo que es lo mismo, que siempre hay un roto pa un descosío. Así que mi interés por estas jornadas es meramente informativo o de culturilla general. O qué leches!, por pura curiosidad morbosa femenina. Y en cuanto a mi futuro colgandero, a lo sumo me iré gestionando la congelación y conservación, que si bien los tratamientos de ahora no me convencen quizá los futuros (muy futuros) sí. Vaya usted a saber.
Y finalizo esta entrada con una frase que me acaban de enviar y que me viene que ni pintada:
‘En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres que en la cura del Alzheimer. De aquí en algunos años tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven’. Dr. Drauzio Varella