
Sin entrar a valorar sobre la bondad o maldad del fin, el caso es que hoy nos han robado una hora. En esta madrugada las dos se han convertido en las tres.
Mi reloj, mi ordenador y en defintiva, mis aparatos electrónicos, se adaptan al cambio sin ningún problema. Algunos incluso lo han hecho automágicamente, otros han esperado (o siguen esperando) pacientemente a que yo los modificara, pero en ningún caso se han quejado. A mi, en cambio, me costará más y es eso lo que más me molesta de estos trastornos horarios: que mi cuerpo no tiene sueño (o tiene demasiado), que mi cuerpo no tiene hambre (o tiene demasiada).
La alteración de los bioritmos, aunque sea por una hora debería ser motivo de sanción, con el agravante de que encima es una alteración masiva.
Feed ViveValdemoro